El diagnóstico de cáncer tiene un impacto físico, emocional y vital que solo cada paciente conoce. La abrumadora noticia se vive con inseguridad e incertidumbre, pues hay mucho que asimilar. Cada subtipo tumoral tiene un nombre y apellidos, un comportamiento, un tratamiento y un pronóstico y, a menudo, en el caso de una enfermedad grave como el cáncer, puede resultar muy tranquilizador pedir una segunda opinión a otro oncólogo.
Sabemos que el paciente puede sentirse vulnerable. Nuestro propósito como oncólogos siempre debe ser empoderarlo, a fin de que pueda afrontar la situación y tomar sus propias decisiones dentro de ella, como pedir una segunda opinión, un derecho universal que tiene todo paciente, aunque a menudo se desconoce cómo y cuándo pedirlo o que el paciente no se atreve pedir por diferentes razones. Conocer algunos aspectos referentes a la segunda opinión, como los que reseño a continuación, puede ayudar a la toma de esta importante decisión.
Las claves de la segunda opinión:
- ¿Qué es? La segunda opinión es especialmente recomendable cuando hay un diagnóstico de una patología compleja y grave, como es el cáncer, o una patología infrecuente, incluso aunque no sea potencialmente grave.
- ¿Dónde pedirla? Lo ideal es pedirla en centros de referencia y especializados en la patología del paciente.
- ¿Cómo acceder? El paciente puede acceder libremente y en cualquier momento a toda la información médica incluida en su historia clínica. No se le puede dificultar el acceso a esta información para solicitar una segunda opinión y el médico de referencia no puede “enfadarse” u obstaculizar la realización de una segunda opinión. Yo estoy muy satisfecho cuando cualquiera de mis pacientes quiere pedir una segunda opinión a otro doctor y hago el mejor informe médico posible para que la solicite, ya que puede reforzar mi plan terapéutico o, quien sabe, incluso puede mejorarlo. Lo importante es el paciente y no los egos personales y profesionales de los médicos.
- ¿No es preferible empezar el tratamiento? El cáncer, en general, no precisa de un tratamiento urgente y permite tener tiempo para poder estudiar bien cada caso y definir el mejor tratamiento oncológico. La urgencia muchas veces es “emocional” y es nuestra obligación como médicos explicárselo bien a los pacientes. Mi lema es sin prisa, pero sin pausa y cuando está todo bien definido, ejecutar el plan.
- ¿Cuándo pedirla? El momento más adecuado para realizar la segunda opinión es con el primer diagnóstico. Personalmente creo que es el más importante, dado que una buena planificación y un manejo adecuado desde el inicio aumentan las posibilidades de curación, mientras que un manejo inadecuado, sobre todo en contextos oncológicos no metastásicos en los que el tratamiento oncológico tiene una intención radical y curativa, disminuye las posibilidades de curación. Otro momento crucial es cuando al paciente se le plantea un cambio de tratamiento; en este caso, hay que hacer la segunda opinión antes de empezar el nuevo tratamiento.
- ¿Qué aporta? Los pacientes tienen que entender que una segunda opinión puede tener diferentes “desenlaces”, desde la confirmación de que el manejo realizado y el plan terapéutico adecuado son completamente correctos hasta detectar deficiencias, o que se dé la situación en la que no se detectan deficiencias, pero en la que se pueden indicar algunas modificaciones que mejoren el plan terapéutico propuesto. Lo expongo porque el coste económico de las segundas opiniones que se realizan en la Sanidad Privada es asumido completamente por el paciente y puede haber frustración si el “desenlace” es confirmar que todo está correcto. Personalmente, yo estaría contento de este “desenlace” y consideraría bien indicada la segunda opinión porque, sea cual sea el “desenlace”, los pacientes podrán tener la certidumbre de que se haga lo correcto en su caso y de que están en buenas manos.
Dr. José Manuel Pérez García
Director adjunto del IBCC